De artes y humanidades


Hay lugares a los que siempre se tiene que regresar para recargar la pila, que sirven como un bálsamo y te hacen recobrar la esperanza en muchos aspectos de la vida.


Para quien escribe este breve —pero merecido— homenaje, y que se describe como un artista que no supo qué hacer para mantenerse sobre un escenario, el Teatro Polivalente es lo más cercano a vivir el sueño de estar en contacto con las artes de la forma más pura y plena posible.


Fue en 2016 cuando pisé por primera vez el Centro de las Artes de San Luis Potosí y, a pesar de ser una persona que usual, ciega e ignorantemente pasa por alto la arquitectura al considerarla de carácter cotidiano, no pude evitar maravillarme por lo que estaba sucediendo ante mis ojos. Aun dentro de esas enormes paredes, cuya magnitud a lo largo de sus tres ejes cartesianos separa al visitante del mundo exterior para concebir uno propio, existe un microcosmos donde las artes escénicas potosinas (y de otras latitudes) encuentran su núcleo, su epicentro, su punto de inflexión...


Visitar el Teatro Polivalente es, para el artista y el espectador, vivir una experiencia digna de los recintos del llamado primer mundo. Su infraestructura técnica, elegancia arquitectónica y envidiable pulcritud —entre otras virtudes— hacen de éste uno de los mejores espacios destinados a la creación escénica en el país. Sin embargo, su verdadero tesoro invaluable es la calidez humana que brinda el personal técnico, administrativo y de atención al público que lo conforma. Es gracias a ellas y ellos que cada persona que pone un pie en este espacio se siente parte fundamental del funcionamiento del mismo; algo que pocas veces se logra con tanta naturalidad en el medio artístico nacional.


El año pasado fue, para las artes escénicas y para la humanidad en general, un año lleno de obstáculos que superar, donde la palabra resiliencia —más por necesidad y por fe que por gusto— se convirtió en una de uso común dentro de nuestro léxico. No obstante, y desde su propia trinchera, el Polivalente supo sobreponerse a la situación y buscó la manera de ofrecer a las y los artistas un espacio que sustituyó el telón y el proscenio por píxeles.


Así nació Vivo el Arte, un medio de expresión lleno de vida, donde también podrían generar una ganancia, en ocasiones simbólica, pero llena de esperanza y alejada de todas las trabas y condiciones que caracterizan a la administración pública y que se pusieron de moda en otras plataformas del mismo giro conforme se iba desarrollando la situación que nos aqueja. El Polivalente y su gente no esperaban nada a cambio, sólo que compañías y artistas en general salieran contentos y con una gota extra de esperanza en un tiempo donde todas y todos lo necesitábamos.


¿Fue el único espacio de su tipo en adaptarse a la situación? No, mas fue uno cuya metamorfosis me tocó vivir en carne propia y que es prueba fehaciente de cómo se maneja toda la humanidad que lo conforma.


En cada momento donde me invade la duda acerca de si vale la pena seguir luchando por la cultura en este país o de si estoy ejerciendo la profesión indicada, volteo a ver al Teatro Polivalente, pensando en todas las experiencias y oportunidades que me ha brindado y todo lo que hace día con día por cada uno de las y los artífices que se cruzan con él. Sé que si hubiera tenido la oportunidad de seguir por la línea artística, este espacio hubiera hecho lo mismo por mí.


Hay lugares que dan esperanza. Este es uno de ellos.


Raúl Hernández

Diseñador gráfico, creativo

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