La experiencia en el Teatro Polivalente


Paca, técnico de audio de “El Granero” del Centro Cultural del Bosque, comentó en alguna ocasión una suerte de maldición shakesperiana: “aquel que pisa el escenario de un teatro, tendrá la fortuna de retornar por lo menos una vez más a ese recinto”. Dudé de su frase, pero se me quedó grabada en la mente como un eco sobre cuándo y cómo será que regresaremos al hecho presencial después de la pandemia.


Durante el 2018, tuve la fortuna de dirigir y escribir un espectáculo para jóvenes audiencias en el Teatro Polivalente que forma parte del majestuoso Centro de las Artes de San Luis Potosí. Recuerdo que en mi primer visita, quedé boquiabierto con las instalaciones, desde el lobby, los baños, la gradería, el escenario, la grúa que eleva y baja el foso de orquesta, las oficinas, hasta los camerinos y la parafernalia teatral; este primer acercamiento me provocó un placer indómito. Trabajar en el Polivalente me brindó la sensación de holgura y libertad que todo ser dedicado a las artes escénicas anhela cuando genera una pieza. Vaya, qué lugar. Pensé. Incluso tuve la fortuna de pulir algunas escenas, escribiendo en mi computadora sobre el escenario. Teclear sobre el proscenio es dopamina pura, así se formó el espectáculo que titulamos Venado. Al pasar los meses, regresé al Polivalente y asistí como público, y contemplé piezas de danza contemporánea, música para niñas y niños, monólogos, proyectos independientes de teatro de otros estados, un sinfín de actos escénicos que nutren el espíritu. El retorno a este recinto, siempre ha sido grato.


Dos años después al suceder la pandemia, y tras el cierre de los espacios culturales, así como cualquier otro creador escénico, tuve la incertidumbre de detener, posponer o cancelar proyectos que venían en puerta. Sin embargo, el Teatro Polivalente se ha mantenido en pie de maneras que no pudimos haber imaginado, se hizo aliado de las plataformas digitales, y se presentó como un espacio cultural alternativo para nuestro país y latitudes internacionales.


En el programa Vivo el Arte presentamos una obra que indagamos en tiempos de encierro: Papá es una salamandra; algo así como un funeral virtual de un padre ausente, una manera de desahogarnos y sentir por un instante que estábamos presentes en el convivio virtual. Después fuimos invitados para presentar en modo virtual dentro de ‘Kuitólil, Punto de Encuentro’, la pieza para niños y niñas En Marte los atardeceres son azules, obra que habla de la posibilidad de amar pase lo que pase y que siempre valdrá la pena hacerlo. En ese espacio se generó un diálogo tanto con los equipos de otros montajes, así como se atendió las dudas de niños y niñas espectadoras que visualizaron el streaming.


Lo virtual nunca será lo presencial, disculpen lo evidente, pero a veces necesito repetir simplezas para recordarnos el por qué estamos aquí. Empero, lo virtual nos acerca para quienes trabajamos: el público. Y si nuestro momento histórico nos cimbra al comunicarnos a través de la pantalla, lo haremos como un sesgo de aquello que soñamos y que anhelamos como perfecto, un ser humano sobre un escenario y alguien que lo observe. Si bien son tiempos fluctuantes, la certeza de que el Teatro Polivalente continúe de manera presencial o virtual, se erige como opción y (como lo diría un buen amigo) representa un faro de esperanza para los que seguimos esperando la escena.


Aplaudo la fiesta y el onomástico del Teatro Polivalente, que cumple a cabalmente la etimología de su nombre, polys=mucho y valere=permanecer en plenitud de fuerza, salud y vigor.

Deseo que Paca, técnico del Granero, tenga la boca llena de razón, y que muy pronto la maldición shakesperiana me ataque, y pise de nuevo el escenario del Polivalente.


Hasam Díaz

Dramaturgo, actor, director e iluminador escénico

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